En Peñaflor, los limos y arcillas que encontramos en las terrazas bajas del río Mapocho nos obligan a ser muy precisos con la plasticidad. No es lo mismo trabajar con un suelo que cambia de estado con poca agua a uno que mantiene su consistencia. La norma NCh 1517-1-17e1 es la que seguimos al pie de la letra, porque un dato mal tomado en el límite líquido o plástico puede subestimar el potencial de asentamiento de una fundación superficial. Lo vemos seguido en loteos del sector oriente de la comuna, donde la transición entre gravas areno-limosas y arcillas de alta plasticidad ocurre en pocos metros. Para tener una caracterización completa, en esos casos complementamos con una granulometría por lavado que define la fracción fina y un ensayo Proctor modificado cuando el material se usará como relleno estructural en plataformas.
El índice de plasticidad en las arcillas de Peñaflor varía entre 12% y 35% según la cota, un rango que define si excavamos con retroexcavadora o con rozadora manual.
