Cuando el equipo técnico llega a Peñaflor, lo primero que se dispone sobre la mesa de trabajo es la serie de tamices la normativa técnica aplicable, desde los 75 mm hasta la malla N°200, y el densímetro calibrado para la fracción fina. La combinación de tamizado mecánico y ensayo con hidrómetro nos permite trazar la curva granulométrica completa de los sedimentos que caracterizan esta zona del valle del río Mapocho. En terrenos cercanos al estero El Rosario, donde la matriz alterna entre bolones redondeados y lentes de limo arcilloso, la distribución de tamaños de partícula define decisiones clave de diseño. Un ensayo CPT puede complementar la granulometría cuando se requiere un perfil continuo de resistencia en tramos con alternancia de estratos finos y gruesos, algo frecuente en las terrazas fluviales de Peñaflor.
En suelos aluviales de Peñaflor, la curva granulométrica completa distingue un limo estable de uno colapsable ante saturación.
Factores del sitio
No es lo mismo construir en la terraza consolidada al norte de la Plaza de Peñaflor que en los rellenos sedimentarios próximos a la ribera del Mapocho. En el primer caso, las gravas arenosas limosas suelen mostrar curvas bien gradadas, con partículas de todos los tamaños que se traban entre sí y ofrecen buena capacidad de soporte. En el segundo, los bancos de limo orgánico con arcilla magra presentan curvas desplazadas hacia los finos, con porcentajes bajo la malla N°200 que a veces superan el 60%. Esa diferencia granulométrica explica por qué en algunas zonas aparecen grietas en pavimentos y muros apenas unos años después de construido. Sin una curva de distribución de partículas confiable, las hipótesis de diseño geotécnico quedan expuestas a un margen de error que en zona sísmica como la de Peñaflor —clasificada como suelo tipo C o D según la NCh433— puede traducirse en asentamientos diferenciales severos o problemas de licuefacción en arenas finas saturadas.